lunes, 16 de marzo de 2026

El Hobbit. Reseña

Hola muchach@s!

Como veis en el título, hoy os traigo la segunda entrada del RETO LITERARIO 2026.

Habiendo terminado el libro que nos tocaba en Febrero, EL HOBBIT, por aquí os voy a dejar MI RESEÑA más honesta, teniendo en cuenta que he visto las películas tropecientas veces.

AVISO: como siempre digo, esta es MI OPINIÓN. Puede que la compartas o no, pero respétala. Si tienes algo que aportar, puedes dejarme un comentario y si lo veo oportuno y correcto, será publicado, junto con mi respuesta. Cualquier comentario que esté fuera de lugar, será eliminado.


Vamos allá!!

Confieso algo desde el principio: El Hobbit me gustó. Mucho. Pero también se me hizo denso. Y no pasa nada por decirlo. Porque se puede admirar profundamente un libro, como es el caso, y, al mismo tiempo, reconocer que no es precisamente ligero…

Estamos ante una obra fundamental de la fantasía moderna, el punto de partida del universo de la Tierra Media, el germen de todo lo que vendría después con El Señor de los Anillos. Pero una cosa es su importancia histórica y otra muy distinta la experiencia real de lectura en 2026, con nuestro ritmo mental acelerado y nuestra paciencia literaria bastante más limitada.

La premisa es deliciosa: Bilbo Bolsón, hobbit cómodo, rutinario y amante del té, se ve arrastrado a una aventura inesperada junto a trece enanos y el mago Gandalf para recuperar un tesoro custodiado por el dragón Smaug.

Es una historia de viaje, de crecimiento, de salir de la zona de confort (aunque en este caso la zona de confort tenga despensa llena y sillones mullidos). Y eso funciona. Funciona muy bien.

El arco de Bilbo es probablemente lo mejor del libro. Pasamos de un personaje que no quiere líos a alguien que descubre su ingenio, su valentía y su capacidad de liderazgo. No se convierte en un héroe épico al uso; sigue siendo pequeño, prudente y algo temeroso. Pero precisamente ahí está la gracia. Es un héroe muy humano.

Ahora bien: Tolkien no escribe con prisa. Ni por asomo.

El libro tiene descripciones extensas, canciones, genealogías implícitas, digresiones históricas y un tono que mezcla cuento infantil con épica antigua. Eso le da una riqueza increíble, pero también hace que el ritmo no sea ágil en el sentido moderno.

Hay capítulos que se leen de un tirón —el encuentro con Gollum, por ejemplo, es brillante y tenso— y otros que requieren más concentración. No porque estén mal escritos, sino porque Tolkien construye mundo a cada paso. Y construir mundo lleva tiempo.

Si buscas una fantasía dinámica, rápida y directa, este libro puede resultarte pesado. Si aceptas que es una obra que se cuece a fuego lento, la experiencia cambia radicalmente.

Hablemos también, porqué no, de su adaptación al cine… 

Aquí hay que ser claros: las películas y el libro se parecen lo que un huevo a una castaña...

Las adaptaciones cinematográficas expandieron la historia hasta convertirla en una trilogía épica, con tramas añadidas, romances inexistentes en el texto original y un tono mucho más grandilocuente. El libro, en cambio, es más contenido, más íntimo y, en muchos momentos, más ligero en ambición épica (aunque profundo en mitología).

En la novela no hay tanta espectacularidad constante. Hay más pausa. Más ironía. Más narrador presente. Más sensación de estar escuchando un cuento contado junto al fuego.

Y, sinceramente, eso me parece un punto a favor del libro. Es diferente, sí. Pero también más coherente consigo mismo.

Eso le da una autenticidad brutal al mundo que crea. La Tierra Media no parece un decorado; parece un lugar con siglos de historia detrás. Pero claro, ese nivel de detalle exige un lector dispuesto a detenerse.

No es lectura para devorar sin pensar. Es una lectura para saborear, aunque a veces apetezca que la trama avance un poco más rápido.

Más allá de la densidad, hay cosas que El Hobbit hace de forma magistral, como es la construcción de mundo sólida y coherente, el desarrollo orgánico del protagonista, los momentos icónicos que han marcado la literatura fantástica, y además tiene una mezcla muy equilibrada de humor, aventura y oscuridad.

Por lo tanto, no me malinterpretéis: El libro tiene encanto. Y mucho. Tiene esa sensación de clásico atemporal que no se fabrica, sino que se gana.

Así que, como conclusión: El Hobbit no es un libro ligero. No es rápido. No es adrenalina continua. Pero es una obra con alma digna de ser leída.

Me gustó porque es una historia bien construida, con personajes memorables y un universo que se siente real. Me costó porque el ritmo no siempre acompaña a nuestras expectativas modernas. Y creo que ambas cosas pueden convivir perfectamente.

Y es que, no todo lo bueno tiene que ser fácil. A veces las historias que más poso dejan son precisamente las que nos obligan a ir más despacio. Y, al final, quizá esa sea la verdadera lección de Bilbo: salir de la comodidad merece la pena. Incluso cuando el camino es largo.

Si estás aún en esta entrada, me puedo imaginar la respuesta, pero, vosotr@s le habéis leído ¿? Qué os pareció ¿?

Os dejo pinchando Aquí todas las entradas del Reto Literario 2026, para que sigáis leyendo, si os apetece.

Os leo en comentarios o RRSS!

Nos leemos muy prontito!!

miércoles, 11 de marzo de 2026

Demasiado yo para disimular

Hoooola!! 

Como os adelantaba en la Entrada Anterior, hoy vengo a contaros algo muy mío: esas COSAS QUE HE HECHO DESDE SIEMPRE, aunque haya miradas, comentarios o cejas levantadas alrededor. 

Porque sí, para algunas cosas siempre he sido muy yo. Y creo que la gente que me conoce lo sabe: no voy a cambiar mi forma de ser por lo que piensen u opinen los demás. Bastante trabajo da ser una misma como para encima ir adaptándome al gusto del público. 


Pero bueno… al lío, que me enrollo como las persianas.
  • Cantar y bailar, aunque se me da fatal: L@s de mi círculo ya están curad@s de espanto con mis pasos prohibidos y mis berridos a destiempo. Cuando coinciden ambas cosas, el espectáculo está servido. Me tienen que querer muchísimo, porque lo mío no es talento… es entusiasmo. 
  • Comer chuches: Cada vez que saco una bolsa de chuches alguien me mira con ese “¿a tu edad?”. Pues sí. Tengo 36 años y voy feliz por la calle con mis gominolas. Disfrutona, pegajosa y sin complejos. La vida ya es bastante seria como para renunciar a unas chuches.
  • Ver películas “para niños” sin necesitar un niño de excusa: Me encantan las pelis de dibujos. Y no, no necesito llevar a un sobrino, ni inventarme que “es que la estaban echando en la tv”. Si quiero ver una de animación, la veo. Con manta, palomitas y emoción incluida. Porque algunas películas “para niños” tienen más mensaje y más verdad que muchas supuestamente “para adultos”. 
  • Apuntarlo absolutamente TODO: Como tengo memoria selectiva para ciertas cosas, lo anoto todo: cumpleaños, médicos, cuándo viene el del gas o cuánto mide la puerta del baño. Mis amigas ya lo saben y por eso en Reyes nunca me faltan cuadernillos en blanco. Soy feliz con una libreta nueva. Hay quien colecciona bolsos; yo, anotaciones.
  • Hablar con mi perro (en privado y en público): Mi perro es parte de mi familia. Le hablo, le explico cosas y le pregunto su opinión aunque no conteste. Y no, no me da vergüenza. Si alguien se incomoda porque le diga “cariño, ahora volvemos”, el problema no es mío.
  • No tener vergüenza, ni conocerla: si me tengo que poner a bailar en mitad de la calle por una apuesta, lo hago. Aunque se me ponga la cara colorada. El bochorno dura 5 minutos; la anécdota, toda la vida.
  • Comer sin ser “comedidamente femenina”: A poco que hayáis leído el blog, sabéis que me ENCANTA comer. Disfruto comiendo. No soy de las que piden ensalada para guardar las apariencias ni dejo medio plato por postureo. Si algo me gusta, repito. Y si hay que rebañar el plato, se rebaña. 
  • No puedo disimular cuando algo me molesta: Mi cara lo dice todo. No intento ocultarlo, ni poner buena cara si algo no me gusta. Si algo me incomoda o me saca de quicio, mi cara es un libro abierto: se me refleja al instante. A veces mis amig@s me miran y se ríen mientras dicen “¡Si es que se le ve en la cara!” Pues… ¡es cierto!
  • No saber disimular, en general: la típica situación con tu amiga que te dice "tía, mira quién viene por ahí, pero disimula", pues yo automáticamente giro la cabeza como un búho poseído hasta el punto de que casi me cruje el cuello... Definitivamente, no nací para el espionaje...
  • Expresarme sin censura y defender mis ideas aunque no sean populares: si creo en algo lo defiendo a muerte. Aunque en la mesa se haga un silencio incómodo y alguien carraspee. No lo hago para llevar la contraria, sino porque de verdad lo pienso. Sé perfectamente con quién puedo hacerlo y con quién no y en terreno seguro voy a saco: sin filtros, sin máscaras y sin vocabularios políticamente correctos, porque sé que no me juzgarán.
  • Ser yo sin filtros: Voy de frente. No sé poner una cara contigo y otra diferente con otra persona. Me parece agotador, artificial y, sinceramente, innecesario. Además, no tengo memoria suficiente para sostener un personaje. Así que soy la misma siempre. Bastante más práctico.

Al final, todas estas pequeñas manías y costumbres que me hacen ser yo, imperfecta y disfrutona, me han enseñado algo muy claro: que ser auténtica no es un defecto, es una suerte. Y no, no lo hago para provocar, ni para llamar la atención. Lo hago porque soy así. Porque me sale así. 

Con los años he aprendido que dejar de preocuparte por encajar, te hace vivir más cómoda, más ligera y, curiosamente, más en paz. Vivir pendiente de “lo que toca” o de lo que otros esperan de mí, me parece agotador y poco rentable a nivel de felicidad.

Las miradas vienen y van y pesan mucho menos de lo que creemos; las opiniones cambian (y es estupendo, si no, menudo aburrimiento…). Pero tú te quedas. Y si tienes que quedarte contigo misma, mejor hacerlo siendo auténtica, disfrutona, imperfecta y sin pedir perdón por cosas que no hacen ningún daño a nadie.

Cuando dejas de disimular, todo fluye mejor. Así que, sí: seguiré cantando fatal pero a grito pelao, bailaré según lo que me pida el cuerpo en ese momento, aunque sea arrítmico total, hablaré con mi perro, comeré con ganas, seré la peor espía de la historia, defenderé mis ideales y seguiré siendo yo misma con todo el mundo. 

Porque cambiar para encajar hace muchísimos años que no me ha compensado. Porque cambiar para gustar cansa. Y yo, sinceramente, ya no estoy para cansarme más de la cuenta Además, vivir siendo fiel a un@ mism@… es muchísimo más divertido.

Y vosotr@s, decidme… ¿Qué hacéis desde siempre, aunque os miren?

Os leooo!!!

viernes, 6 de marzo de 2026

El cambio psicológico de la edad

Hoooola chic@ss!!

Qué tal estáis ¿?¿? Yo hoy me he vuelto a levantar filosófica y dándole vueltecitas a las cosas… 

Estaba pensando en todas aquellas COSAS QUE ANTES ME DABA VERGÜENZA HACER y AHORA PASO completamente de lo que puedan pensar l@s demás y las hago igualmente, por el simple hecho de que me apetece hacerlo… 

No os ha pasado que con el paso del tiempo, según vais cumpliendo años, esto toma más fuerza ¿?


Os voy a contar:

A mi antes me daba muchísima vergüenza que me vieran hablar sola en público. Lo típico de que vas con los cascos, te entra una llamada y obviamente hablas con la persona por teléfono. Pues yo siempre desconectaba los cascos y cogía el tlf por el simple hecho de que l@s demás no pensaran que iba hablando sola y que estaba un poco cucú de la cabeza… Ahora ¿? Hay veces que hasta voy cantando por la calle!!!

L@s que me conocéis de hace tiempo, sabéis que soy una llorona, no es nada nuevo y no me escondo. Pero antes evitaba bastante llorar en público, porque sinceramente, estar con la cara toda enrojecida, moqueando a veces y con la lagrima pues no me apetecía, me hacía sentir súper vulnerable… Ahora ¿? Lloro sin pensar en nadie más. Puedo ir en el metro o por la calle y llorar de risa por un vídeo de IG que me hace muchísima gracia o por un documental de una foca que me da muchísima pena. Depende del momento.

Antes me pasaba bastante que no compraba cosas denominadas “para raros” por el  “qué pensarán los demás si me ven con esto” y lo dejaba en la estantería de las tiendas, aunque me encantaba… Ahora ¿? Tengo mi casa llena de frikadas (pincha Aquí si quieres ver mi colección Potterhead), los cajones llenos de calcetines con dibujitos horteras y hasta tengo una sudadera con la cara de Pepo bordada en el pecho (regalo de mi hermano) y que paseo con todo el orgullo, oiga… Jajajaja

También sabéis que, desde hace un tiempo para acá estoy trabajando seriamente el hecho de decir que no, ya que es algo que, aún a día de hoy y dependiendo del contexto, todavía me cuesta, pero he de decir que cada vez paso más de planes/personas que no me apetecen o no me aportan nada, la verdad. Sigo trabajando en ello, porque,  dependiendo de la persona, a veces aún me cuesta un poquito… 

Antes tenía la certeza de que comer sola cuando trabajas con un montón de gente, me convertiría en una marginada social, una excluida del grupo… Ahora, cada día que pasa disfruto más de tener mi propio espacio para comer, sobre todo en el trabajo, sin tener que rodearme de gente por convencionalismos sociales, que no me apetecen. Que me llaman rara por comer sola, me la repanpinfla!!

A día de hoy estas son las cosas que yo misma he detectado que me van resbalando más con el paso del tiempo… Sinceramente, no creo que vuelva a sucederme, porque cada vez la edad me está haciendo ir más hacia la comodidad, hacia el no preocuparme lo más mínimo por el qué dirán o qué pensarán sobre mí l@s demás… 

Si estás conmigo: así es como soy, si no te gusta: ya sabes dónde está la puerta y no te guardaré ningún tipo de rencor, te lo prometo, pero creo que la vida es demasiado corta como para estar comiéndose la cabeza por cosas así… 

En la próxima entrada os traeré las cosas que he hecho desde siempre a pesar de las miradas, así que no os lo perdáis si queréis conocerme un poquito más

Mi consejo de hoy para ti, si me lo permites, es: Disfruta y sé lo más feliz que puedas, es lo que te vas a llevar por delante.

Y vosotr@s ¿? Habéis notado algún cambio en vuestra persona con el paso del tiempo ¿?

Os leo!!

Adióóóóós!!!

lunes, 2 de marzo de 2026

Bolitas dulces de Quark

Hoooola!!!

Cómo estáis muchach@sssS?!?!

Hoy os traigo una de esas recetas que, a simple vista, parece que llevan 2000 kcal pero que cuando te paras a pensar te das cuenta de que en verdad podrías comerlas “a menudo”.

Si os gustan los dulces caseros, pero no os apetece (ni os gusta) freír y manchar media cocina complicándoos la vida, esta RECETA, que va en la AIRFRYER os va a encantar.

Como veis en el título, hoy os enseño a hacer BOLITAS DULCES DE QUARK. Tiernas por dentro y doraditas por fuera, con ese toque de azúcar y canela que hace que sepa a feria y no puedas comerte sólo una…

Y lo mejor es que se hacen rapidísimo!! 

Si ya te he atrapado y estás salivando, sigue leyendo, que son facilísimas:

* Ingredientes (para 10-12 bolitas gorditas)

- 250gr de quark desnatado o requesón bien escurrido (El quark podéis encontrarlo fácilmente en Lidl, Aldi, etc.)

- 2 huevos tamaño mediano

- 60gr de azúcar blanco

- 1 cucharadita de extracto de vainilla

- 200gr de harina de trigo (podéis mezclar 100 de trigo y 100 de avena también)

- 1 cucharadita de levadura química

- 1 pizca de sal

Para el rebozado: azúcar y canela en polvo

* Preparación:

1. En un bol mezcla el quark, los huevos, el azúcar y la vainilla y bate hasta obtener una crema lisa.

>> Nota: si el quark está muy denso, puedes añadir 1-2 cucharadas de leche o yogur a la masa para que quede más ligera.

2. Añade la harina, la levadura y la sal y mezcla hasta integrar. OJO!! No lo amases, o te quedarán duras en lugar de esponjosas!!

3. Con las manos ligeramente húmedas, forma porciones del tamaño de una pelota de golf.

>> Truco del almendruco: si quieres que queden redonditas perfectas, pon cada porción en un molde de magdalenas de silicona.

4. Precalienta la Airfryer a 180ºC y coloca las bolitas sin que se toquen con un chin de aceite pulverizado.

5. Cocina las bolitas 10-12 min a 180ºC.

>> Truco del almendruco: para que se doren de forma uniforme, gíralas cuando lleven 6-7 minutos dentro

6. Nada más sacarlas, cuando sigan calientes, pásalas por la mezcla de azúcar y canela y sírvelas templadas.

Y… Listas!!!!


No me digáis que no es una receta súper sencilla…

Probadla y ya me diréis si no se convierte en una receta fija del desayuno del finde, para acompañar el café o para disfrutar cada tarde…

Nos leemos pronto!!

Chaaaaaau.

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