Hoy estamos de FIESTA!!
Si hay una fecha en la que Madrid saca su lado más auténtico, es SAN ISIDRO.
Hoy, como cada 15 de mayo, la ciudad celebra a su patrón con varios días de fiestas donde se mezclan tradición, música, comida y mucho ambiente de verbena.
Pero sabéis quién era San Isidro ¿?
San Isidro Labrador fue un agricultor madrileño del siglo XI al que se le atribuyen distintos milagros. El milagro más conocido es el que cuenta que unos ángeles le ayudaban a arar los campos mientras él rezaba…
Con el tiempo terminó convirtiéndose en el patrón de Madrid y, desde entonces, la ciudad le monta una fiesta bastante seria (y caótica, dependiendo la hora a la que preguntes! Jeje)
El epicentro de las celebraciones sin duda es la famosa Pradera de San Isidro, donde miles de personas se reúnen para comer, bailar, escuchar música y pasar el día al aire libre. A pesar de que en casa, por lo general aborrecemos las multitudes, a mi madre le encanta ir a la Pradera, así que cuando les apetece venir a Madrid este finde, siempre terminamos acercándonos allí, a ver el ambiente.
También hay muchísimo ambiente en zonas como Las Vistillas o la Plaza Mayor, con conciertos gratuitos, espectáculos y actividades para todos los públicos.
Otro de los grandes referentes de esta fiesta son los trajes tradicionales de chulapo y chulapa.
Ellos con chaleco, gorra y clavel; ellas con vestidos de lunares, mantón de Manila y clavel en la cabeza.
Y sí, aunque al principio pueda parecer puro folclore, tiene muchísimo encanto verlo en plena calle mezclado con atuendos del día a día. Lo mejor es que no es solo postureo turístico, muchas familias siguen viviendo esta tradición con muchísimo cariño y los trajes pasan de generación en generación.
Y luego está el verdadero símbolo gastronómico de San Isidro: las rosquillas. Las hay “tontas”, “listas”, “de Santa Clara” y “francesas”. No hace falta entender muy bien las diferencias para acabar comiéndote varias…
Otra de las tradiciones más típicas es acercarse a la ermita de San Isidro para beber agua de su fuente, a la que popularmente se le atribuyen propiedades milagrosas. ¿Funciona? No hay pruebas. ¿La gente sigue yendo cada año? Por supuesto.
Lo mejor de San Isidro es que consigue algo difícil: que una ciudad tan grande como Madrid parezca, durante unos días, un enorme barrio en fiestas.
Hay música, bailes castizos, puestos de comida, familias enteras vestidas de chulapos y gente que salió “solo un rato” y termina cerrando la verbena.
Y quizá por eso San Isidro sigue gustando tanto año tras año. Porque entre conciertos, rosquillas, claveles y verbenas, Madrid deja de ir tan deprisa y recuerda algo importante: que las mejores fiestas no son las más perfectas, sino las que consiguen que todo el mundo quiera quedarse un rato más.
Aunque ese “ratito” termine siendo a las dos de la mañana, con un chotis mal bailado y azúcar glas hasta en sitios que prefieres no investigar…
Nos leemos muy pronto!!
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