Hoy os traigo una entrada que espero que os resulte muy curiosa. En verdad hace tiempo que os la quería haber traído, pero un día por otro, un mes por otro, un año por otro, la he ido dejando apartada, hasta hoy!
La mayoría de ciudades te reciben con señales de tráfico, verdad ¿? Pues ALCOBENDAS lo hace con arte. Y no con cualquier pieza, sino con una MENINA GIGANTE de bronce que se alza con autoridad y elegancia en una de sus principales entradas. Imposible ignorarla. Y, una vez la conoces, difícil de olvidar.
La escultura se llama “Reina Mariana” y es obra del prestigioso artista español Manolo Valdés. Desde el año 2000, esta figura monumental se ha convertido en uno de los símbolos más reconocibles de la ciudad, un punto de referencia visual y emocional para vecinos y visitantes.
Obviamente y como podréis imaginar, la Menina de Alcobendas bebe directamente de “Las Meninas” de Velázquez, una de las obras cumbre de la pintura universal. Valdés, conocido por reinterpretar grandes iconos de la historia del arte desde una mirada contemporánea, toma como punto de partida a la Infanta Margarita y la transforma en una figura rotunda, casi arquitectónica.
Aquí no hay rostro detallado ni gestos delicados. Hay volumen, peso y presencia. La escultura mide alrededor de siete metros de altura y supera las doce toneladas de bronce, lo que refuerza esa sensación de permanencia, de algo que ha venido para quedarse.
Por si queréis venir a verla, la Menina está situada en una rotonda del Paseo de la Chopera, en la conexión con el bulevar Salvador Allende, una de las principales vías de acceso a Alcobendas. Y no es casualidad, ya que es una obra que no se contempla en silencio: se cruza con ella camino al trabajo, al colegio o al volver a casa. Y eso la hace especial. El arte deja de ser solemne y se vuelve parte del paisaje emocional de la ciudad.
Con el paso de los años, la Menina de Alcobendas ha adquirido un papel social: En fechas señaladas (como celebraciones culturales o reivindicaciones de derechos) ha estado luciendo la bandera arcoíris durante el Orgullo LGTBI o la bandera morada en el día 8 de Marzo. Un gesto que refuerza su papel como símbolo vivo, capaz de dialogar con el presente.
Y es que no es solo una obra para mirar: es una obra que representa valores, que acompaña los cambios de la ciudad y que conecta tradición y modernidad sin complejos.
Para muchos vecinos, la Menina no es “la primera Menina escultural de Valdés”, sino que es simplemente “la Menina”. Así, sin más, ya que forma parte de las referencias compartidas, de esas cosas que hacen que un lugar se sienta como hogar. Y eso no se consigue solo con bronce y toneladas de peso. Se consigue cuando el arte conecta, acompaña y permanece.
Porque al final, la Menina gigante de Alcobendas no solo da la bienvenida a quien llega: sino que le dice al visitante que aquí el arte nos importa.
En nuestro caso, esta Menina tiene además un valor especial: mi suegra es una apasionada declarada de las Meninas, de Velázquez y de todas sus reinterpretaciones.
Por eso, cuando nos mudamos a Alcobendas hace casi seis años, la sorpresa fue mayúscula al descubrir que una Menina gigante nos daba la bienvenida a la ciudad.
No lo esperábamos. Fue uno de esos momentos en los que piensas: “Esto no puede ser casualidad”, y desde entonces, cada vez que pasamos por allí, no es solo una escultura monumental, es también un guiño del destino, una historia compartida y una razón más para sentir que este lugar tenía algo reservado para nosotros.
Porque a veces el arte no solo decora ciudades. A veces, por alguna razón, te está esperando.
Y vosotr@s, ya conocíais esta Menina ¿?
Si la respuesta es no, espero que os animéis a conocerla, ya que es digna de ver.
Nos leemos pronto!
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